
«A Jean Rostand, que un
día me habló largamente de mutaciones.»
“Siempre me han dada horror los timbres. Incluso durante el día, cuando trabajo en mi despacho, contesto al teléfono con cierto malestar. Pero por la noche, especialmente cuando me sorprende en pleno sueño, el timbre del teléfono desencadena en mí un verdadero pánico animal, que debo dominar antes de coordinar lo suficiente mis movimientos para encender la luz, levantarme e ir a descolgar el aparato. Y aun entonces, necesito hacer un verdadero esfuerzo para anunciar con voz tranquila: «Arthur Browning al habla». Con todo, no recupero mi estado normal hasta que reconozco la voz que se dirige a mi desde el otro extremo del hilo y no me siento absolutamente tranquilizado hasta que sé por fin de qué se trata.
En aquella ocasión, sin embargo, pregunté con mucha calma a mi cuñada cómo y por qué había matado a mi hermano, cuando me despertó a las dos de la mañana para anunciarme el atroz asesinato y para pedirme por favor que avisara a la policía.
-No puedo explicártelo por teléfono, Arthur. Llama al cuartelillo y ven después.
-¿No sería mejor que te viera antes?
-No. Es preferible prevenir a la policía sin perder un minuto. De no hacerlo así, van a imaginarse demasiadas cosas y a hacer demasiadas preguntas... Les va a costar bastante trabajo creer que lo he hecho yo sola. En realidad, convendría decirles que el cuerpo de Bob está en la fábrica. Tal vez quieran pasarse por allí antes de venir a buscarme.
-¿Dices que Bob está en la fábrica?
-Sí, debajo del martillo-pilón.
-¿Del martillo-pilón?
-Si, pero no preguntes tanto. Ven, ven de prisa, antes de que mis nervios se nieguen a sostenerme. Tengo miedo, Arthur. ¡Compréndelo, tengo miedo!
Y, cuando colgó, también yo tenía miedo. Hasta aquel momento había escuchado y respondido como si se tratara de un simple asunto de negocios, y sólo entonces empecé a comprender el verdadero significado de las palabras de mi cuñada.”
La Mosca, de George Langelaan, conocido cuento de terror, que inspiro dos películas, una de ellas de 1958, con Vincent Price, muy apegada al relato original. La otra es de 1986, con Jeff Goldblum y Geena Davis, dirigida por David Cronenberg, mucho mas gore.
¡Help me, Help me! El final de la película de 1958

1 comentarios:
mm, un blog interesante al fin. Volveré..
Publicar un comentario en la entrada